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Volkswagen Golf 1.4 TSI, prueba (parte 1)

Volkswagen Golf 1.4 TSI, prueba (parte 1)
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"Cuando despertó, el Volkswagen Golf todavía estaba allí", adaptación del que hasta 2005 fue el cuento más corto en español, de Augusto Monterroso. Generaciones vienen y generaciones van, pero al final del día —o de los meses o de las décadas— el Volkswagen Golf sigue ahí, con 40 años de experiencia sobreviviendo a crisis económicas y rivales que se mueven con destreza.

Siendo el modelo preferido del Viejo Continente, pero ahora fabricado en México, no podíamos perder la oportunidad de ponerle las manos encima al Volkswagen Golf VII. Cuentan que su calidad es casi la de un Audi, su manejo es espectacular y el ahorro de combustible es su segundo nombre... Le duela a quien le duela, el Volkswagen Golf llegó regresó para plantarse en los primeros lugares. Y no, señores, Volkswagen no patrocinó este artículo, porque finalmente no todo es miel sobre hojuelas para la firma de Wolfsburg.

Después de todos estos años...

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Entre la tradición y la frescura se encuentra el diseño de la séptima generación del Volkswagen Golf. Sin necesidad de valerse de una filosofía retro, el hatchback alemán carga con su sello de identidad desde que fue lanzado en 1974. Las líneas horizontales predominan en la parte delantera, pero luce dinámico gracias al diseño de la fascia y la disposición de las nervaduras del cofre.

Sabemos que hablar de diseño siempre es hablar de gustos, pero el Volkswagen Golf VII fue un auto diseñado para gustar; su objetivo no es crear arte, es vender mucho (en Europa). Lo que no podemos negar es que visualmente hay un gran acierto sentado junto a una gran debilidad. Los trazos angulosos de las calaveras recuerdan a modelos como el Audi A3, pero la parte delantera tiene demasiado sabor a [inserte toda la gama Volkswagen aquí]. No entraremos en debate —Volkswagen no es la única que lo hace, SEAT, Mazda e incluso Mercedes-Benz siguen esta tendencia—, para eso ya tuvimos La Pregunta de la Semana.

El Volkswagen que quería ser Audi

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Valió la pena esperar

Tardó años en cruzar el Océano Atlántico, pero valió la pena la espera. La calidad del Golf mexicano no le pide mucho al europeo.

Usualmente, cuando una marca europea fabrica un auto fuera del Viejo Continente, la calidad y el nivel de equipamiento disminuyen considerablemente. Las marcas suelen llamarlo "exigencias del mercado" o "recorte de costos", ustedes —diplomáticos lectores de Motorpasión— lo llaman darnos atole con el dedo, y tienen razón.

El Volkswagen Golf es la media excepción a la regla. Es cierto, el equipamiento no es el mismo que el modelo europeo, pero la calidad no muestra alteración alguna. El plástico que recubre la parte superior del tablero y de las puertas es de una calidad muy por encima de la media, mientras que los acabados tipo piano —que nos gustan, pero suelen rayarse con facilidad con el paso de los años— y los cromados crean una sensación premium en la atmósfera al interior del hatchback alemán. Las partes bajas del tablero y la zona de la guantera adoptan materiales menos afortunados, pero eso es común en el segmento.

La posición de los mandos es otro de sus puntos a favor. Los controles al volante nos permiten manipular prácticamente todo, desde la ruta del sistema de navegación, hasta el sistema de audio o el celular. La pantalla ubicada entre los relojes, en el cuadro de instrumentos, es digital; nos hubiera encantado que fuera a color con unos gráficos tan bien trabajados como los de la pantalla táctil de 5.8" que cuenta con sensor de proximidad: oculta los menús cuando la mano no está cerca.

Plásticos suaves, ensambles de calidad... el Volkswagen Golf VII no es premium sólo porque Audi debía posicionar encima al A3.

¿Caro? No, costoso

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Vale, pagar más de 300 mil pesos por un compacto podría parecer un exceso —porque en realidad lo es—, pero quien adquiere un Volkswagen Golf ya no es el mismo tipo de cliente que hace cuatro décadas buscaba algo más que un Vocho. Mucho se ha criticado el precio de esta séptima generación, pero echando un vistazo a todo lo que ofrece, la balanza queda casi equilibrada. Sí, casi, porque aún hay ciertas ausencias que no logramos comprender.

En su versión Highline, el Volkswagen Golf cuenta con aire acondicionado automático y de doble zona, equipo eléctrico, quemacocos, rines de 17", computadora de viaje, pantalla táctil de 5.8", reproductor de CD, MP3, módulo para iPod, ranura para tarjeta SD, Bluetooth, 8 bocinas, comandos de voz, volante y palanca forrados en piel, control de velocidad crucero y sistema Start&Stop. De manera opcional —como nuestra unidad de prueba— puede montar sistema de navegación y un sistema de estacionamiento semiautomático (el auto mueve el volante y te avisa cuándo acelerar y frenar).

¿Qué le falta? Táchennos de exigentes, pero por los 328,800 pesos —$357,736 con todos los extras de nuestra unidad de prueba— nos hubiera encantado encendido por botón, apertura de puertas sin llave y faros de xenón. La piel de los asientos es reemplazada de cierta forma por las vestiduras en Alcántara; cuestión de gustos.

Continuará... Continúa

Fotografía | Gerardo García

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